Psicólogo para ansiedad en Madrid
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La ansiedad es una reacción adaptativa que nuestro organismo activa para defenderse de un peligro o para afrontar una situación complicada.
Tratamientos para tratar la ansiedad
La ansiedad se convierte en un problema en el momento en que estas situaciones se perciban como amenazas reales sin serlo, y aparezca una reacción emocional sobre la que se ejerce poco o ningún control y que se manifiesta a tres niveles cognitivo (preocupación, confusión, aprensión, inseguridad…), fisiológico (tensión, sudoración, palpitaciones, mareos …) y motor (movimientos constantes, temblores, evitación, comer de forma compulsiva …). Este estado produce un sufrimiento significativo y puede llegar a afectar a una o varias áreas de la persona que lo padece (trabajo, pareja, forma de relacionarnos con los demás).
Los tipos de ansiedad más frecuentes son:
Reacción de ansiedad extrema que aparece de forma brusca e inesperada, sin que la persona sepa muy bien cuál es el peligro pero sí la sensación (algunos de los síntomas son: taquicardia, sensación de falta de aire, sudores, opresión en el pecho, mareos, naúseas …).Dura unos minutos y después desaparece. Las personas que los sufren viven con una preocupación constante a que puedan repetirse y temen perder el control. Algunas creen que esa sintomatología es la respuesta a una crisis cardiaca o cerebral (en ocasiones pueden llegar a creer que están perdiendo la razón o que van a morir), ya que aparecen dos sensaciones muy atemorizantes: la sensación de irrealidad (esto no es real, lo que veo ahora mismo no existe) y la sensación de despersonalización (me veo fuera de lo que me sucede, no soy yo). El tener repetidos ataques de pánico hace que se genere miedo a la sintomatología como tal (miedo a los síntomas que provocan miedo).
Se padece agorafobia cuando se teme que aparezcan episodios de pánico en público (en lugares comunes como el trabajo, la calle, el metro, un bar, etc.) anticipando ese miedo y evitando finalmente acudir a esos lugares (miedo anticipatorio y evitación). Se trata de tener miedo al miedo, miedo al descontrol, por lo que se van evitando cada vez más sitios incapacitando progresivamente a la persona, que sólo siente seguridad cuando está en casa, en entornos conocidos o con gente conocida. Por tanto, se trata de miedo a la incontrolabilidad en situaciones que la persona percibe como “inescapables”.
Miedo extremo a la muerte y/o a las enfermedades terminales (cancerosas, infecciosas, mentales o cardiovasculares) que afecta a la vida diaria porque la persona la percibe como muy probable y a corto plazo, no en un futuro. Este miedo provoca unos niveles muy elevados de ansiedad, y hace que se evite de manera casi permanente toda estimulación relacionada con las enfermedades o la muerte (hospitales, tanatorios, cementerios, etc.) y aparezcan respuestas de comprobación donde la persona trata de evaluar su estado de salud cuando “nota en su cuerpo algo que pueda parecerle peligroso”. En la mayoría de las ocasiones se trata de sintomatología ansiosa la que identifican como posible señal de enfermedad o muerte.
Nerviosismo, preocupación y tensión que se mantiene en un período continuado de tiempo. Existe una predisposición a la preocupación a todos los niveles: la persona que la padece vive preocupada por todo, sintiendo a su vez impotencia ante la incapacidad que siente para afrontar dichas preocupaciones. Esa actitud de preocupación hace que permanezca en un estado de alerta constante, dificultando sus capacidades cognitivas como la concentración, apareciendo síntomas propios de la ansiedad (taquicardia, sudoración, etc.), insomnio e irritabilidad, produciendo un malestar generalizado muy significativo.
Presencia de ideas, pensamientos o imágenes de carácter recurrente e intrusivo (obsesiones) y conductas repetitivas (compulsiones) que se llevan a cabo de forma ritualizada para reducir la ansiedad que producen las obsesiones. La persona que lo sufre no las puede dominar y esto le produce una importante sensación de angustia y descontrol. Algunas de las obsesiones más comunes son: la necesidad de un orden determinado (ej: colocar siempre la ropa del mismo modo), el miedo a contaminarse o contagiarse (ej: darle vueltas a la idea de poder haberse contagiado al besar a alguien), las dudas sistémicas (ej: preguntarse si se ha cerrado el coche, se ha apagado la luz …), imágenes recurrentes (ej: no poder dejar de pensar en una idea de carácter violento o sexual) y otros impulsos (ej: decir obscenidades, insultar o agredir). Por otra parte, las compulsiones más frecuentes son limpiar, comprobar y contar.
Reacción donde surge un miedo irracional y exagerado hacia un objeto o situación concreta acompañada de la necesidad de evitación de dicho objeto o situación. La intensidad del miedo y la conducta de evitación producen una sintomatología ansiosa que puede interferir negativamente en la vida de la persona que la padece. Algunas de las fobias más comunes son: a las alturas, a la sangre, a la oscuridad, a los ascensores, a animales concretos, etc. La nosofobia (explicada anteriormente) es una de las fobias más frecuentes y más incapacitantes.
Preguntas frecuentes sobre nuestros tratamientos para la ansiedad en Madrid
La ansiedad es una reacción adaptativa que nuestro organismo activa para defenderse de un peligro o para afrontar una situación complicada. Esta función se convierte en un problema cuando las situaciones se perciben como amenazas reales sin serlo, y aparece una reacción emocional sobre la que se ejerce poco o ningún control. A nivel cognitivo, la ansiedad se manifiesta con síntomas como preocupación, confusión, aprensión e inseguridad. Estas preocupaciones pueden ser constantes y desproporcionadas en relación con la realidad del problema. A nivel fisiológico, la ansiedad se manifiesta a través de síntomas como tensión muscular, sudoración excesiva, palpitaciones, mareos, y en algunos casos, náuseas. Estos síntomas pueden ser muy incómodos y llevar a la persona a creer que está experimentando una enfermedad física grave. A nivel motor, la ansiedad puede manifestarse mediante movimientos constantes, temblores, evitación de ciertas situaciones y comportamientos compulsivos como comer de forma descontrolada. Estos síntomas pueden interferir significativamente con la vida diaria de la persona, afectando su trabajo, relaciones de pareja y forma de relacionarse con los demás.
Los tipos más frecuentes de trastornos de ansiedad incluyen la crisis de pánico, la agorafobia, la nosofobia, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo y la ansiedad fóbica. Las crisis de pánico son reacciones de ansiedad extrema que aparecen de forma brusca e inesperada, con síntomas como taquicardia, sensación de falta de aire, sudores, opresión en el pecho, mareos y náuseas. Las personas que las sufren pueden vivir con una preocupación constante por su repetición, llegando a temer perder el control o creer que están experimentando una crisis cardiaca o cerebral. La agorafobia es el miedo a lugares o situaciones donde escapar podría ser difícil o en los que no se podría recibir ayuda en caso de un ataque de pánico. La nosofobia es el miedo a padecer una enfermedad grave, y suele manifestarse a través de la preocupación excesiva por los síntomas físicos. El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por una preocupación constante y excesiva sobre diversas situaciones de la vida cotidiana. El trastorno obsesivo-compulsivo se manifiesta a través de obsesiones (pensamientos, impulsos o imágenes intrusivas) y compulsiones (comportamientos repetitivos que la persona siente la necesidad de realizar). La ansiedad fóbica se refiere a miedos intensos e irracionales hacia objetos o situaciones específicas.
Los trastornos de ansiedad pueden afectar significativamente diversas áreas de la vida de una persona, incluyendo su trabajo, relaciones de pareja y forma de relacionarse con los demás. En el ámbito laboral, la ansiedad puede llevar a dificultades para concentrarse, cumplir con las responsabilidades y manejar el estrés diario. Las personas pueden experimentar una disminución en su rendimiento laboral y una mayor propensión a ausentarse del trabajo debido a la sintomatología física y emocional de la ansiedad. En las relaciones de pareja, la ansiedad puede generar conflictos debido a la preocupación constante y la inseguridad, lo que puede llevar a malentendidos y tensiones. La persona con ansiedad puede evitar actividades sociales o situaciones que perciba como amenazantes, lo que puede aislarla de sus seres queridos y dificultar la formación y mantenimiento de relaciones significativas. Además, la ansiedad puede afectar la forma en que una persona se relaciona con los demás, provocando que evite situaciones sociales o tenga dificultades para establecer nuevas amistades. Este aislamiento puede agravar los síntomas de ansiedad y llevar a una mayor sensación de soledad y desesperanza.
Buscar la ayuda de un psicólogo especializado en ansiedad es crucial porque estos profesionales tienen la formación y experiencia necesarias para identificar y tratar los distintos trastornos de ansiedad. La terapia puede ofrecer múltiples beneficios, entre ellos, la identificación de los factores desencadenantes de la ansiedad y la enseñanza de estrategias de afrontamiento efectivas. Un psicólogo puede ayudar a la persona a entender sus pensamientos y emociones, y cómo estos influyen en su comportamiento. A través de la terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, los pacientes pueden aprender a reemplazar los pensamientos negativos y distorsionados con pensamientos más realistas y positivos, lo que puede reducir significativamente los síntomas de ansiedad. Además, la terapia puede proporcionar técnicas de relajación y mindfulness que ayudan a gestionar la ansiedad en el momento. Otro beneficio importante de la terapia es el apoyo emocional que ofrece el psicólogo, proporcionando un espacio seguro y sin juicio donde la persona puede expresar sus miedos y preocupaciones. Este apoyo puede ser fundamental para recuperar la confianza en uno mismo y mejorar la calidad de vida. En resumen, la terapia no solo alivia los síntomas de ansiedad sino que también aborda sus causas subyacentes, promoviendo un bienestar duradero.
Las crisis de pánico son episodios de ansiedad extrema que ocurren de manera brusca e inesperada, acompañados de síntomas físicos intensos como taquicardia, sensación de falta de aire, sudores, opresión en el pecho, mareos y náuseas. Estos episodios suelen durar unos minutos, pero el impacto emocional puede perdurar mucho más tiempo. Quienes sufren crisis de pánico viven con el temor constante de que los ataques se repitan, lo que puede llevar a una preocupación crónica y una sensación de falta de control sobre su vida. Este miedo puede hacer que las personas eviten situaciones o lugares donde temen que pueda ocurrir una crisis, lo que limita su movilidad y su capacidad para llevar una vida normal. La sensación de irrealidad (esto no es real) y de despersonalización (me veo fuera de lo que me sucede) que a menudo acompañan a las crisis de pánico son especialmente atemorizantes, contribuyendo al miedo de que se está perdiendo la razón o incluso de que se va a morir. Este estado constante de alerta y miedo puede llevar a un deterioro significativo de la calidad de vida, afectando tanto a nivel personal como profesional.
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Natalia Vivas | Psicólogo Especializada En Ansiedad En Madrid
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